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Por Jacob Les Weiss, analista especializado en la región de Medio Oriente y África del Norte  Healix International HX global 


El mes pasado el canciller iraní, Javad Zarif, realizó una gira oficial por América Latina, en Bolivia, Venezuela y Cuba. Esta gira reveló no solo el interés iraní por la región, sino también la afinidad ideológica entre Irán y algunos países latinos.

Desde la revolución iraní de 1979, que derrocó al gobierno respaldado por Occidente, reemplazándolo por un gobierno teocrático islámico chiíta, Irán ha buscado consolidar su posición en el extranjero como lo hizo en Medio Oriente, ya que estableció y mantuvo diversas milicias y grupos políticos que utilizó con la intención de impactar en el curso político de la región. El más famoso es Hezbolá en el Líbano, pero las tácticas de Irán para consolidar su influencia, e incluso su objetivo, varían según el país y el contexto. Por ejemplo, en zonas que poseen un gran número de chiítas, como en Líbano e Irak, creó grupos políticos (generalmente acompañados por alas armadas) influenciados por la ideología chií iraní, con el propósito de atraer y politizar a la comunidad chiíta para controlar estos países desde su interior. En las regiones donde no hay una presencia chiíta significativa, como Palestina, Irán apoya a las milicias sunitas a pesar de la diferencia en la doctrina religiosa (como el Movimiento de la Jihad Islámica presente en dicha nación), esto no es por el control, sino más bien por atacar indirectamente a sus adversarios permanentes: Israel y Estados Unidos de América.

Por otro lado, si América Latina está geográfica, política, cultural y religiosamente lejos del Medio Oriente, entonces, ¿cómo y por qué se extiende la mano iraní sobre la región? La respuesta es que Irán pudo vincularse a algunos estados latinos debido al único factor común entre estos gobiernos: la hostilidad hacia el monopolio estadounidense en algunas regiones del mundo. Tanto Nicaragua como Cuba fueron sometidas a severas sanciones financieras e incluso intentos fallidos de invasión por parte de Estados Unidos; debido a que se desvió del curso político que dicho país trazó para la región. Por lo tanto, podemos afirmar que las relaciones iraní-latinas se basan en la hostilidad hacia Estados Unidos y no tienen nada que ver con ninguna afiliación religiosa o intención de control político.

La relación de Irán con Venezuela puede ser una de las más fuertes en el continente americano, a pesar de que inició en la década de 1980 y no pasaba de la solidaridad diplomática. Sin embargo, tuvo una participación más activa hasta después de la presidencia de Hugo Chávez; donde se concluyeron numerosos acuerdos que allanaron el camino para la consolidación de empresas de ingeniería y tecnología iraníes en Venezuela.

La relación continúa hasta el día de hoy con Nicolás Maduro; pues en este año 2020 Irán envió un gran número de buques de combustible a Venezuela para ayudarlo en la severa crisis de dicho hidrocarburo que enfrenta por el bloqueo estadounidense y las Sanciones tal vez más estrictas de las que existieron con el régimen de Chávez.

Durante su visita a Venezuela, Javad Zarif reveló que la relación iraní-latina se fortalecerá enormemente en 2021, cubriendo el campo militar, que a pesar de haber existido siempre, era negada por ambas naciones. Incluso, si la cooperación militar futura continuará siendo mínima, la importancia de la relación estratégica entre ambos territorios y el peligro que representa para los intereses de los Estados Unidos de América son muy claras.

Al igual que con Venezuela, la hostilidad compartida hacia Estados Unidos hace que la relación Irán-Cuba sea muy sólida. Como resultado del bloqueo que dicho país ha estado ejerciendo durante décadas contra Cuba, la nación caribeña es un claro ejemplo para Irán de su capacidad para resistir las asfixiantes sanciones estadounidenses.

Las relaciones entre Irán y Cuba se basan en un compromiso real y simbólico. El fallecido presidente Fidel Castro fue uno de los primeros líderes internacionales en reconocer formalmente al nuevo gobierno iraní después de 1979. Asimismo, Irán ha proporcionado importantes préstamos financieros de más de 1.200 millones de dólares a Cuba desde 2005. Y a cambio, Cuba ha enviado médicos e ingenieros cubanos para apoyar al sector salud de esta nación. Es probable que dicha participación también se fortalezca en los próximos años con las futuras negociaciones sobre el acuerdo nuclear iraní con el próximo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden.

Irán necesitará toda la ayuda internacional para fortalecer su posición y demostrar al mundo que no está aislado. En este sentido, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, confirmó en su última reunión con el canciller Javad Zarif su apoyo al uso pacífico de la energía nuclear por parte de Irán e insinuó la coordinación diplomática en Naciones Unidas en el futuro.

Por otro lado, la relación boliviana-iraní no es tan firme como las existentes con Cuba y Venezuela debido a que ha estado expuesta a desequilibrios políticos; pues el gobierno boliviano oscila entre la tendencia conservadora estadounidense y la tendencia socialista desde el siglo XX. Durante los 14 años de gobierno de izquierda de Evo Morales, el país se acercó al eje antiamericano junto a Cuba y Venezuela. Hecho que Irán notó y aprovechó para establecer buenas relaciones con Bolivia, pues poseía un marco estratégico que permitía a las empresas iraníes establecer proyectos mineros en dicho país. Sin embargo, la presidencia de Jeanine Áñez, respaldada por Estados Unidos, rompió la buena relación lograda entre ambas naciones. Pues en ese periodo ordenó el cierre de la embajada de Bolivia en Irán. Posteriormente Luis Arce, quien pertenecía al partido de Evo Morales -Movimiento por el Socialismo- pasó a restablecer los lazos diplomáticos tras ganar las elecciones de octubre de este año 2020. Y con el regreso del control del Estado por parte de la izquierda, la relación entre Bolivia e Irán se espera mejore nuevamente. La mayoría de los acuerdos bilaterales se enfocan en el ámbito comercial, mineral y otros recursos naturales; estos acuerdos pueden conducir básicamente a una mayor cooperación, como la transferencia de armas, similar a la presentada con Venezuela.

La expansión iraní en la región ha dado lugar a cierta cooperación en el campo económico. Sin embargo, Irán busca reclamar el gran premio en un futuro próximo. Aunque es poco probable que la influencia iraní se expanda de forma que  amenaza  directamente Estados Unidos, como pasa  en Medio Oriente, estas buenas relaciones con Cuba, Venezuela y Bolivia son un punto de partida que se extiende a Latinoamérica.

Otra verdad es que Estados Unidos tiene mala reputación en diversos territorios, especialmente en los latinoamericanos. Oportunidad que Irán utiliza para presentarse como un aliado permanente a quienes buscan resistir al supuesto imperialismo estadounidense; además de la ausencia de otros países de Oriente Medio en América Latina. Entonces, las naciones de esa región, alineadas con Estados Unidos, no tienen una nación latina para contrarrestar el influjo iraní en esta zona. Irán es el único país de Medio Oriente que tiene un poder real en latinoamericana; y es muy posible que lo veamos consolidar y expandir su influencia en los próximos años.

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